Método Gilardoni mantiene a Paula y Bea arriba
Detrás de los fuertes resultados de Paula Josemaría y Bea González está el trabajo constante de Claudio Gilardoni. El entrenador argentino no responde a los éxitos recientes de la pareja con euforia, sino con un encargo claro: el mayor error sería confundir el progreso con el final del trabajo. En una entrevista con Mundo Deportivo, Gilardoni ordena su filosofía, habla de la rivalidad con Gemma Triay y Delfi Brea y analiza la evolución del pádel femenino al máximo nivel.
Un entorno sólido como base del rendimiento
Desde el inicio de la colaboración, Gilardoni ha destacado especialmente la calidad del entorno de Bea González. Desde su punto de vista, los avances de la española no se explican solo por el talento. Lo decisivo es la estructura diaria en torno al entrenamiento, la regeneración y la estabilidad mental. El coach menciona expresamente el trabajo del entrenador Juanjo, del fisioterapeuta Óscar y el papel del padre Toni como pilares clave.
«Bea es una persona extraordinaria y está rodeada de un equipo que trabaja de forma notable», subraya Gilardoni. Para él, esa valoración es más que una fórmula de cortesía. Describe un modelo en el que la competencia individual y la estructura de equipo están estrechamente unidas. Sin un entorno fiable, incluso los pequeños ajustes técnicos o tácticos son difíciles de consolidar.
Gilardoni no entiende su papel como una reorientación completa de una jugadora ya asentada entre las mejores. Se trata más bien de realizar afinaciones precisas. «Nuestra misión consiste en añadir pequeños detalles. No hay que darles demasiada información; ya saben jugar muy bien al pádel.» Esa contención es deliberada: demasiados impulsos en una fase alta de la temporada pueden alterar el ritmo y generar inseguridad.
El ranking sigue al trabajo, no al revés
Muchos observadores ya ven a Bea González como futura número uno del mundo. Gilardoni enfría esas expectativas de forma consciente. Pensar de manera permanente en la cima del ranking puede desviar a las jugadoras de su verdadera misión. Para él, primero cuenta la calidad de los procesos diarios, no la presión pública alrededor de la clasificación.
«Hoy somos número dos. Primero hay que ser capaces de mantener ese puesto para aspirar algún día al primero», explica el argentino. El mensaje es claro: la estabilidad en el segundo lugar no es un hecho automático, sino un reto deportivo propio. Quien subestima ese estatus corre el riesgo de retroceder antes de que el ataque al número uno sea realista.
Pese a una gran temporada de Josemaría y González, Gilardoni sigue viendo un amplio margen de progreso. «Muestran un nivel muy bueno, pero debemos seguir trabajando. El día en que uno cree haberlo logrado es a menudo el día en que empieza a perder sin entender por qué.» Ese riesgo es, según él, el peligro central para equipos que se acostumbran al éxito y descuidan el trabajo de detalle.
Líneas centrales del método Gilardoni
- Pequeños ajustes técnicos y tácticos en lugar de cambios profundos
- Foco en la calidad del proceso y no en una fijación permanente en el ranking
- Coordinación estrecha con el entorno ya existente de las jugadoras
- Desarrollo continuo incluso en fases de resultados fuertes
- Objetivo realista: primero estabilidad, después el asalto al número uno
Triay y Brea como referencia permanente
Para Gilardoni, la pareja formada por Gemma Triay y Delfi Brea sigue siendo la referencia actual del circuito. Destaca sobre todo su capacidad de adaptación. Tanto en indoor como en outdoor, en pista rápida o lenta, el dúo consigue hacer los partidos extremadamente difíciles. Esa constancia es lo que las convierte en el listón para cualquier pareja perseguidora ambiciosa.
«Hacen cada partido extremadamente difícil, ya sea indoor, outdoor, en pista rápida o lenta», dice Gilardoni. De ahí no deduce fatalismo, sino un encargo de trabajo claro: Josemaría y González deben seguir puliendo detalles para mantenerse a la altura de las mejores a largo plazo. Progresar, en este contexto, no significa solo victorias puntuales, sino respuestas sólidas a condiciones de partido cambiantes.
La rivalidad entre ambas parejas marca hoy el pádel femenino a nivel de tour. Quien quiera competir con Triay y Brea necesita, además de calidad de golpeo, claridad mental y flexibilidad táctica. Por eso Gilardoni apuesta por una lógica de desarrollo que reconoce los éxitos, pero nunca los trata como un estado final. La competencia permanece abierta mientras ambos lados estén dispuestos a reajustar su propio estándar.
Qué significa la filosofía para el pádel femenino
Las palabras de Gilardoni tocan un nervio más allá de una sola pareja. En el pádel moderno, a menudo ya no decide solo el highlight espectacular, sino la capacidad de rendir con constancia bajo condiciones cambiantes. El trabajo de entrenador se desplaza así de grandes cambios de sistema hacia intervenciones precisas. Menos información, más relevancia: esa postura explica por qué Gilardoni comunica de forma deliberadamente dosificada.
Para Paula Josemaría y Bea González nace así un marco que une rendimiento y humildad. La actual posición de número dos se entiende como una responsabilidad, no como una parada intermedia con progreso automático. Al mismo tiempo, la exigencia sigue alta porque la rivalidad con Triay y Brea no permite fases de descanso. Quien cree que el trabajo está terminado pierde el ritmo de la dinámica del tour.
El método Gilardoni puede leerse, por tanto, como un principio de liderazgo en la pista: entorno estable, prioridades claras, pequeñas mejoras y vigilancia permanente. Exactamente esa combinación debe mantener a Josemaría y González no solo exitosas a corto plazo, sino ancladas a largo plazo en la élite del pádel femenino. El camino hacia arriba sigue abierto, pero solo a través de un trabajo consecuente en los detalles que deciden los partidos bajo presión.